Mi novio es Drag Queen

04 octubre 2018 / By ohmydrag
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Hace meses, en medio de tragos y con cara de acontecido, mi novio dijo que tenía que hacer una confesión: quería hacer Drag. Y pues me cayó como caen las confesiones, como la notificación de 15% de batería en el celular y uno cogido del tiempo a punto de salir de la casa. Me asusté con ese acento dramático.

Para los que no saben, el Drag es una construcción artística, una hipérbole femenina encarnada, usualmente, en el cuerpo de un hombre. Es usar la imagen para desvestirse, travestirse y vestirse de otra, de una que ni es mujer ni es hombre, pero se le nombra en femenino. De ahí en adelante cada quien se hace a una idea de los destinos de la fantasía femenina. El Drag es tan diverso como amplia es la imaginación.

Regresando a lo de mi novio, me dediqué a observar y a escuchar con la cabeza llena de preguntas y prejuicios. Y empecé a enterarme de cosas que solía dar por sentadas creyendo que ya había entendido lo que tenía que entender sobre diversidad, o sea, pasé de ingenuo a pendejo. Y pues me puse las pilas a pensar en los alcances del arte y de este espíritu femenino que inunda el mundo gradualmente, y que además nos convoca a la lucha por la diversidad, por el debilitamiento necesario del binarismo de género y por la construcción contemporánea del cuerpo. El Drag, entre tantas cosas, es un aporte a la lucha contra el machismo, y ahí declaré mi apoyo a Lazzárka Estafa, una creación intervenida por mí.

Mi novio me pidió apoyo y también ideas, y con los días hemos visto que su cuerpo disidente ha sido un proyecto militante, y entonces me convertí en su productor y director creativo. Realmente el transformismo nos había tocado. Y a mí, que me daban alergia esos temas, ahora me interesó la diferencia entre un glitter y un iluminador, entre una peluca de piñata y una con -lace front-, y lo más importante, nos dio el incentivo para retomar nuestra cultura y crear desde nuestros estereotipos femeninos, y no para representar a la mujer o al hombre sino a los cuerpos del futuro. Y pese a todos los residuos de machismo que tengo, mi apoyo ha cobrado sentido. Ahora tengo la cámara y mis críticas a su disposición. Se convirtió en un trabajo en equipo. Se convirtió en una manera de ser él en otro yo, de crear como escultor, y se convirtió en menos ideas fijas para mí.

Yo sí creo, por lo que he aprendido en mis 34 años, que los prejuicios se reescriben en casa. Esa tarea nunca se acaba. Las personas que se agrupan y no resignifican el mundo a través de sus diferencias se hacen esclavos de la censura. La diversidad está dentro de la familia, de los amigos y los amores, está en todos los íntimos. Y como por amor se aprende más fácil, quiénes mejores que los que uno ama para aprender sobre el mundo. Y con el Drag se me hizo más amplia la perspectiva, y la maricada también. Y como decía María la del Barrio: ¡“A mucha honra”¡

Diego Antia.

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